No todos las personas reaccionan igual ante la sal. Más de la mitad son sensibles a la sal, esto es, ante la disminución de su consumo, reducen su presión arterial; el resto sería resistente, no modificando ésta ante la reducción del producto. Sin embargo, el consumo excesivo de sal, debido al sodio que tiene, provoca retención de agua, forzando al corazón a trabajar con un mayor volumen de sangre.
La principal consecuencia del consumo de sal es el aumento de la presión arterial. Ello favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares, principalmente del ictus o accidente cerebrovascular agudo. En el caso de las personas hipertensas, el descenso del uso de la sal es entonces un aspecto más obvio. Así, la Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas sanas no tomen más de 5 g diarios de sal. Pero en el caso de un mayor riesgo cardiovascular, como en el hipertenso, las recomendaciones clínicas señalan un máximo diario es de 3,8 g.
Un aspecto muy importante es que la sal que ingerimos a diario, la añadimos directamente, pero una cantidad más grande aún la tomamos sin ser muy conscientes de ello, como sal "oculta", pues está incorporada de antemano en los alimentos que comemos. Embutidos, pan,

queso y platos preparados aportan unas tres cuartas partes de los casi 10 g que ingerimos como media en España.
Recuerda:
- La máxima cantidad diaria de sal debería ser 5 gramos; si tomas menos, mejor
- Revisa las composiciones nutricionales de los alimentos que compras
- Utiliza hierbas (tomillo, albahaca, romero, etc) para aromatizar las comidas y sustituir a la sal
- Acostumbra a los tuyos a sabores menos salados
- Aumenta el consumo de alimentos frescos (frutas, verduras, legumbres, cereales, etc.)
- La sal en exceso favorece la aparición de cálculos en el riñón
- En España ya se ha reducido la cantidad de sal con las que se fabrica el pan