Para estar guapa hay que estar en forma. Y para estar en forma hay que estar bien con uno mismo. Empieza la casa por los cimientos y verás los resultados.
A día de hoy ya nadie duda de la íntima relación que existe entre el bienestar mental y emocional y el bienestar físico. Venidas o no de Oriente, las diferentes técnicas de respiración, relajación y meditación han ido minando el campo de la medicina psicosomática, la psicología e incluso la estética, hasta el punto de que ya forman parte de la “Biblia” del bienestar. Si quieres estar en forma y que tu físico sea fiel espejo de un alma sosegada y satisfecha, respira bien, medita, haz ejercicio y duerme lo suficiente. Verás lo que consigues.
Respirar no es tan fácilControlar la respiración no sólo favorece a la capacidad pulmonar, sino que nos permite influir significativamente en nuestro bienestar, nuestro modo de pensar y en el estado general de nuestra mente. Está demostrado que la respiración profunda induce al cuerpo a segregar endorfinas, las hormonas de las felicidad y el relax, lo que permite combatir la depresión y aumentar el tono vital. Además, el aumento de la cantidad de sangre que se deriva de la mayor oxigenación de los pulmones favorece la eliminación de las toxinas y otras sustancias de desecho del organismo. Respirar bien también se traduce en una mejor capacidad del cuerpo para digerir y asimilar los alimentos. Los órganos digestivos, como el estómago, reciben más cantidad de oxígeno y, por lo tanto, su funcionamiento es más eficaz. Y, por si fuera poco, adelgaza: respirar a fondo refuerza la musculatura del vientre, la zona de los riñones y la espalda, lo que ayuda mejorar la figura y darle un aspecto más esbelto. Además, el suministro extra de oxígeno ayuda a quemar el exceso de grasas.
Hazlo en tres pasos1. Profundamente: La forma correcta es tomar una inhalación profundamente, llenando los pulmones totalmente de aire, lo cual, contrariamente a lo que hacemos la mayoría de las veces, no implica levantar los hombros ni hinchar el pecho, sino concentrarnos en la parte inferior de los pulmones, inhalando el aire hasta abajo, cerca del ombligo, de forma que sintamos que el estómago se hincha a medida que el aire entra.
2. Despacio.Una persona nerviosa respira 35-40 veces por minuto, exhala muy poco aire viciado y está al borde la hiperventilación. Alguien puntualmente “atacado de los nervios” respira de 20 a 28 veces por minuto, un ritmo que sigue siendo rápido y que puede producir

tensión. En un estado emocional normal, el ritmo de respiración es de 12-18 veces por minuto, algo bastante aceptable y relajante. Pero sin duda el ritmo ideal para lograr la calma es de 6 a 8 respiraciones por minuto. Si respiras profundamente a este ritmo permitirás el máximo volumen de oxígeno en tu torrente sanguíneo y exhalarás el máximo volumen de aire viciado, lo que significa que no sólo estarás mucho más relajada sino que también serás capaz de modificar tus sensaciones.
3. Escuchando. Una vez controlados los dos pasos anteriores, estás en disposición de practicar el ejercicio más efectivo para eliminar tensiones en situaciones extremas: respira en profundidad (con la parte baja de los pulmones); respira despacio (6-8 respiraciones por minuto); escucha el sonido de tu respiración al inhalar, el sonido del aire entrando por tus fosas nasales; escucha el sonido de tu respiración al exhalar (el aire saliendo de tu boca); repite el proceso durante un minuto... o indefinidamente
Ejercicio: imprescindibleNadie lo duda, y todos los expertos lo recomiendan. Y por si aún hay algún incrédulo, continuamente surgen nuevas evidencias científicas de hasta qué punto es importante mantenerse en movimiento. Uno de los más recientes acaba de ser publicado en la revista Archives of Internal Medicine y ha sido rotundo en sus conclusiones: el ejercicio es mejor que cualquier fármaco para frenar el envejecimiento. Así que ha llegado el momento de romper con el sedentarismo. No es recomendable, sin embargo, empezar de forma intensa: la gimnasia pasiva, las tablas de ejercicio que se hacen casi sin sentir con las videoconsolas, la natación o, simplemente, dar largas caminatas, son las mejores opciones para comenzar a poner el cuerpo en movimiento.
Bella también por fueraNo hay programa de puesta a punto que valga si no se lleva a cabo sobre una piel fresca, perfectamente limpia y libre de toxinas. “Una limpieza profunda es la base de la belleza del rostro. Sobre la superficie cutánea se hallan una serie de sustancias (film hidrolipídico o manto ácido) a las que se añaden los agentes contaminantes, dando lugar a la suciedad, que es el terreno predilecto de los microorganismos. La falta de higiene hace que la tez pierda luminosidad y transparencia. La epidermis facial necesita adquirir tono, por lo que hay que acondicionarla del mismo modo que se hace con los músculos del cuerpo, máxime antes de someterla a exposiciones solares para lograr, entre otros efecto, el de un bronceado más natural y duradero”, explica la doctora María José Barba, especialista en medicina y cirugía estética.
Lo ideal es someterse periódicamente a limpiezas de cutis profundas en centros especializados (una de las técnicas más novedosas, la limpieza ultrasónica, ofrece estupendos resultados) pero, además, es muy importante limpiar la piel a diario, con un producto adaptado a su tipología.
En cuanto a los cuidados “extra” que deberíamos administrar a la piel de cara al verano, la doctora Barba recomienda la nueva cosmética oral a base de vitaminas, “ya que sirve para mejorar la uniformidad del bronceado”. También aconseja recurrir durante la etapa de mayor exposición solar a productos que contengan sustancias como el aloe vera, el aceite de oliva, las vitaminas E y A, jalea real, glicerina, miel, aceite de coco y ácido hialurónico.
Un plus para las pieles más castigadas
El invierno y las inclemencias del tiempo también tienen especial repercusión en las pieles más castigadas y sobre las que hacen más efecto el frío y otros agentes externos, así como los tratamientos estéticos continuados. Para estos casos es recomendable una cura reparadora con productos enriquecidos con una sustancia revolucionaria: la centella asiática, un ingrediente que se cultiva en Madagascar, del que se obtienen el ácido asiático y el asiaticósido, que además de poseer una potente actividad antiinflamatoria y antimicrobiana, revitaliza las células y estimula la renovación de la epidermis desde el interior. Está especialmente indicada como calmante tras los peelings, así como tras la depilación o el afeitado y en pieles tatuadas, irritadas o dañadas. Por sus propiedades calmantes, los expertos también la recomiendan como aftersun.