Tener tos y congestión nasal bastan para hacernos pasar un día ?de perros?. Por suerte,
ninguna de las dos reviste gravedad, mientras que su tratamiento es sencillo y
efectivo
Tos: no tan fiera como la
pintan
La tos es la forma que tiene el organismo de proteger a los pulmones y
al aparato respiratorio frente a cuerpos extraños o a la excesiva acumulación
de mucosidades. Se produce por distintas causas: infecciones (víricas o
bacterianas), alergias, cambios de temperatura, ambientes contaminados, algunos
fármacos y patologías respiratorias o gastrointestinales más o menos graves. Existen
dos tipos de tos:
- Por un lado
está la tos productiva (también
llamada húmeda o ineficaz) que es la que va acompañada de expectoración,
por lo que resulta muy útil al organismo, ya que impide la acumulación de
secreciones, que podrían producir la obstrucción de las vías aéreas, de
ahí que no se recomiende tratarla y eliminarla (a no ser que impida dormir
o desarrollar una vida normal) ya que su efecto de eliminación favorece la
solución de la dolencia. Los fármacos indicados para este tipo de tos son
los expectorantes.
- El otro tipo
de tos es la llamada seca o no
productiva, que se origina como consecuencia de la presencia de factores
irritativos en la faringe, la laringe y las vías
respiratorias altas: el humo del tabaco, cambios bruscos de temperatura o
contaminación en el aire (polvo, alergenos, irritantes químicos...). Esta
tos es agotadora, ya que va agravando progresivamente las vías
respiratorias y, además, es una ?plataforma? para la diseminación de
gérmenes, de ahí que se recomiende tratarla con fármacos antitusígenos o antihistamínicos.
Congestión nasal:
embotamiento
generalizado
Normalmente producida por un virus, la congestión nasal se produce
cuando se inflaman las membranas que recubren la nariz a causa de la
dilatación de los vasos sanguíneos.
Empieza con rinorrea (goteo nasal), con o sin
estornudos, y evoluciona después hacia una mucosidad más espesa que puede llegar
a ser purulenta. Aunque es un síntoma molesto, ya que puede interferir con los
oídos y la garganta, dificultar el sueño y causar ronquera y dolor de cabeza,
puede aliviarse fácilmente adoptando medidas destinadas a conseguir que las
mucosidades sean menos espesas. Los fármacos que alivian la congestión nasal
son los llamados descongestionantes, que constriñen los vasos sanguíneos para
así producir alivio. Se pueden administrar de dos formas: por vía sistémica (su
acción es más prolongada y produce menos irritación) y por vía tópica (permite
la absorción en pequeñas cantidades).
Cómo combatirlas
- Para combatir la tos hay que evitar los ambientes
excesivamente secos y emplear humidificadores. La inhalación de vapor de
agua con sustancias como eucalipto, romero o lavanda ayuda a licuar las
secreciones pulmonares. También conviene huir de las inhalaciones de
polvo, tabaco y humo, así como de los cambios bruscos de temperatura. En
cuanto a la tos productiva se puede aliviar con medidas tan sencillas como
utilizar dos almohadas en la cama y mantener ventilada la habitación. Es
muy importante beber abundantes líquidos para facilitar la salida de las
mucosidades.
-
Contra
la congestión nasal resulta muy útil el uso de aerosoles
marinos suaves, compuestos por agua
de mar isotónica y estéril, y ejercen una acción mecánica de lavado y
arrastre de la mucosidad. Su gran ventaja frente a otros remedios es que
pueden aplicarse con la frecuencia y el tiempo que sea necesario, sin dar
lugar al efecto rebote que sí pueden producir algunos descongestionantes. La
pauta de uso habitual es de 4 aplicaciones diarias en cada orificio
nasal.
- Otras recomendaciones
del Comité Europeo para el estudio del Resfriado Común, son incrementar la
humedad en el aire con un vaporizador
o humidificador, darse un baño
de agua caliente, evitar los
espacios cerrados y atiborrados de gente y consumir muchos líquidos., ya que una buena hidratación es el
mejor mucolítico que existe.
Cuando se padece un cuadro de
tos, lo primero que hay que hacer es descartar que se trate de una patología
más grave y, después, adoptar una serie de medidas higiénicas para aliviar la
sintomatología
¿Cuándo acudir al médico?
(recuadro)
- Si la tos y la
congestión se da en pacientes de riesgo: niños pequeños, ancianos, embarazadas
o personas que presenten otras patologías.
- En el caso de
que alguno de los dos síntomas produzcan un aumento de la dificultad
respiratoria.
- Si la
expectoración tiene un aspecto verdoso o sanguinolento.
- Cuando se
acompañan de una fiebre superior a 39,5° C, ésta dura más de 4 días o
reaparece tras haber estado sin fiebre durante 24 horas.
- Si a ambos
síntomas se une un mal estado general.
- Si aparece
dolor o supuración de oídos.
- En caso de que
la congestión nasal dure más de dos semanas e interfiera significativamente
en el desarrollo de la vida normal.
- Si aparecen
otros síntomas como visión borrosa, inflamación en frente, ojos y mejillas
o infección de garganta.