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Ojos y sol. cualquier precaución es poca.

Publicada en 01/08/2005

Aunque no se ponen ?morenos? el daño que las radiaciones solares producen sobre nuestros ojos supera con creces a las consecuencias que éstas tienen sobre la piel, dando lugar a patologías en ocasiones irreversibles. Así que igual que hemos incorporado el protector solar a nuestra rutina habitual de cuidados, ha llegado el momento de prestar a nuestros ojos la atención que se merecen. Nos va la vista en ello.

Parece ser que las múltiples campañas destinadas a concienciar a la población sobre la necesidad de proteger adecuadamente la piel frente a la acción de los rayos solares comienza a hacer efecto, y cada vez son más las personas que evitan exponerse al sol sin las debidas precauciones. Sin embargo, no ocurre lo mismo respecto a nuestros ojos: pese a que éstos son veinte veces más sensibles que la piel a la influencia de los rayos ultravioleta, suelen ser los grandes olvidados en lo que a fotoprotección se refiere, con las consecuencias que de ello se derivan. Tal y como advierte la OMS, la acción de esta radiación ultravioleta en los ojos unida al manifiesto deterioro de la capa de ozono atmosférica dará como resultado en los próximos años un elevado incremento de cataratas, factor a su vez desencadenante de 17,5 millones de casos de ceguera anuales y otras anomalías relacionadas con nuestra salud visual y ocular.

Un daño ?fijado? en la retina

Tal y como explican los expertos del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas de España (CNOO), ?aunque la mayoría de las radiaciones solares son eficazmente filtradas por el ojo, la exposición crónica a las mismas o una alta y selectiva cantidad de ellas en un corto espacio de tiempo puede dar lugar a graves problemas oculares?. Existen tres tipos de radiaciones solares: las ultravioleta (UV), las infrarrojas y las visibles. Las UV se encuentran por debajo del umbral visible (son los UVA y UVB); las infrarrojas son las que producen la sensación de calor y las visibles son la luz que percibimos. Cada una de estas radiaciones pueden producir lesiones en las distintas partes del ojo:

-Ultravioleta (UVA y UVB): Esta radiación, ya sea natural (en el mar, la montaña, la nieve, etc.) o producida artificialmente (rayos UVA, lámparas de xenón) puede producir lesiones en la córnea, la conjuntiva  y el cristalino.

-Infrarrojos: Pueden causar quemaduras en la córnea.

-Visibles: Perjudican sobre todo a la retina.

A la acción ya de por sí nociva de estas radiaciones hay que unir una serie de peculiaridades que explican la extrema sensibilidad de los ojos frente a la exposición solar. En primer lugar, la forma en que las radiaciones son recibidas en el sistema visual: éste no solo absorbe las radiaciones solares en sus tejidos más externos, fundamentalmente la piel de los párpados y la conjuntiva, sino también en los tejidos internos, ya que la mayor parte de ellos se caracterizan por ser transparentes: córnea, humor vítreo, retina. Además, la radiación solar se almacena en el cristalino y no se elimina, por lo que, al igual que ocurre en el caso de la piel, se podría decir que los ojos posen ?capital solar?, es decir, el efecto de las radiaciones es acumulativo, de forma, que según han demostrado numerosos estudios, aquellas personas que a lo largo de su vida han estado expuestas a mayores cantidades de radiaciones ultravioleta tienen mayor riesgo de sufrir patologías como las cataratas o la degeneración macular.

Asimismo, hay que tener en cuenta que los ojos no tienen la capacidad de protegerse de la radiación del sol de la misma forma que lo hace la piel (produciendo melanina), ni tampoco la córnea dispone de la capa queratinizada de la epidermis. Y tampoco existe un aviso previo de que el sol ha hecho efecto, como es el caso del bronceado.

Radiaciones solares: su estrategia visual

-Sus zonas de actuación: La radiación se incrementa en función del lugar, siendo las más elevadas en la nieve y en el mar, respectivamente. El lugar más peligroso en cuanto a su incidencia son las montañas nevadas, ya que en ellas se combinan la altura (cercanía al sol) con el color blanco, que refleja un 80-90 por ciento de las radiaciones visibles. En la montaña se dan todos los factores de alto riesgo para la salud ocular: en primer lugar, la gran altitud hace que la capacidad de protección de la atmósfera sea mucho menor que en zonas más bajas; a lo que hay que añadir que, en el caso de la práctica del esquí y los deportes de montaña, las largas exposiciones al aire libre aumentan también la exposición a las radiaciones.

El mar abierto refleja sobre los ojos un 20 por ciento de las radiaciones solares; la arena de la playa (tiene un color muy claro y refleja mucha luz), un 10 por ciento; mientras que el césped tan solo refleja un 1 por ciento.

-Sus horarios: La mayor penetración de las radiaciones tiene lugar en el mediodía solar de tal forma que tan solo media hora de exposición en este periodo equivaldría a una exposición de tres horas a partir de las cinco de la tarde.

-Sus ?víctimas?: De estas radiaciones solares debe protegerse con mayor cuidado la población más joven y, sobre todo, los menores de 18 años. También deben tener especial cuidado los habitantes de lugares costeros o montañosos  así como todas aquellas personas que disfrutan de deportes acuáticos, como la vela o el windsurfing y, sobre todo, los esquiadores que no lleven unas gafas de protección solar adecuadas.

Asimismo, y al igual que ocurre con la piel, las personas con un fototipo bajo, 1 o 2 (piel muy blanca y ojos claros) tienen menos defensas frente al sol. También deben tener precaución aquellas personas que se hayan sometido a una intervención ocular (por ejemplo, cataratas o una cirugía refractiva).

La consecuencia: patologías oculares

El hecho de no protegerse adecuadamente frente a la acción de estas radiaciones mediante el uso de gafas de sol debidamente cualificadas es el responsable de un número cada vez de mayor de dolencias oculares, muchas de ellas de gravedad. Así, el

CNOO advierte que algunos dolores intensos de cabeza, conjuntivitis y fotofobias anormales (intolerancia y temor anormal a la luz) están producidos directamente por la utilización de gafas de sol sin ningún tipo de garantía de calidad, con lentes que no disponen de los filtros adecuados para evitar el paso de la radiación ultravioleta a los ojos y de las distorsiones anómalas de la imagen.

Una de las consecuencias más serias de la falta de fotoprotección ocular es la aparición de cataratas, primera causa a su vez de ceguera en el mundo, que se produce cuando el cristalino (la lente natural que permite la formación de la imagen sobre la retina) se vuelve opaco debido a la agresión permanente de la radiación solar.

Otra dolencia es la degeneración macular, una enfermedad que afecta al centro de la retina, cuya aparición está directamente relacionada con la acción de las radiaciones solares, tal y como demostró una investigación llevada a cabo en la Universidad norteamericana de Wisconsin en la que se comprobó que los participantes en el estudio mayores de treinta años  que se habían expuesto al sol durante más de cinco horas diarias tenían hasta tres veces más posibilidades de sufrir una degeneración macular temprana en un periodo de diez años con respecto a aquellos que sólo habían estado expuestos a la luz directa del sol un máximo de dos horas diarias. Además, los investigadores detectaron que el uso de sombreros y gafas de sol durante al menos la mitad de tiempo de exposición disminuía hasta la mitad el riesgo de sufrir otras lesiones oculares como la despigmentación epitelial.

El sol también puede dar lugar a otras dolencias como conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva), queratitis (inflamación de la córnea), enturbiamiento del humor acuoso del ojo, lesiones degenerativas en la delicada piel de los párpados, diferentes formas de retinopatías, pterigion (sobrecrecimiento de la conjuntiva, la membrana transparente que cubre la parte blanca del ojo, en la zona expuesta al exceso de la radiación solar).

Pero hay más: según un estudio realizado por el Instituto de Oftalmobiología de Alicante (IOA), la exposición ocular a las radiaciones solares puede llegar a producir una importante reducción de la capacidad visual.

Gafas de sol: Manual de uso

Usar las gafas de sol adecuadas: ésa es el arma más sencilla y eficaz para evitar que la exposición al sol se traduzca en problemas oculares.  Según el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas, el uso de gafas de sol homologadas disminuye en un 20 por ciento los problemas oculares relacionados con la radiación solar. La importancia de las gafas de sol radica en su doble actuación: por un lado, reflejan las radiaciones indeseables, actuando como un espejo gracias a la aplicación de una serie de capas protectoras sobre las superficie del cristal y, por otro, absorbe estas radiaciones.

A la hora de elegir y utilizar las gafas de sol hay que tener en cuenta una serie de consideraciones:

-Dónde comprarlas. Solamente en los establecimientos sanitarios de ópticas se encuentran las lentes adecuadas a cada necesidad.

-El material. Según las recomendaciones ofrecidas por el Instituto de Oftalmobiología de Alicante (IOA), las lentes deben ser de cristal u orgánicas, pero nunca de plástico. En las lentes orgánicas resulta más sencillo introducir sustancias absorbentes de los UV, mientras que las lentes de cristal tienen que incluir unos filtros especiales; se trata de unas sustancias que se colocan por encima del cristal como una especie de capa que absorbe la radiación.

-El color. ?No importa su color, aunque es aconsejable el gris, por ser el más neutro (el que menos modifica las tonalidades)?, recomiendan los expertos del CNOO. El marrón es otro color aconsejado.

-El filtro. Hay que elegir el filtro adecuado en función de la situación en la que se vayan a usar las gafas. Los filtros solares que contienen las gafas van del 0 al 4. El 0 se usa para lugares de poca luz; el 1 se utiliza en ciudades con luz y sol, pero no en cantidades elevadas (suele tener entre el 43 y el 70 por ciento de absorción de la radiación); el 2 se emplea en lugares de mucha luz, incluso en inviernos muy luminosos; también se aconseja para correr, andar en bicicleta o para estar en el campo, siendo esta la categoría más habitual. El 3 se recomienda para veranos con mucho sol, de forma que cubran bien los ojos en los días muy luminosos de campo o playa, mientras que el 4 se reserva para alturas superiores a los 3.000 metros, sobre todo para la nieve, estando especialmente desaconsejado para conducir ya que, por ejemplo, en un túnel, limita la visión casi por completo.

-El tamaño. Según las recomendaciones de la Academia Americana de Oftalmología, lo esencial es que la gafa cubra bien los ojos para que el sol no entre por los laterales. Hay que procurar que entre la montura y el cristal se protejan los ojos en su totalidad, no solamente contra los rayos que puedan llegar frontalmente sino también contra los laterales, evitando por tanto las gafas muy pequeñas y aquellas que se distancien el exceso del ojo.

-La acreditación: Toda gafa de sol debe llevar la etiqueta CE que asegura que cumple con la normativa vigente en la Unión Europea.

-Cuándo y cómo usarlas. Los expertos del CNOO recomiendan no utilizar estas gafas de manera continua, sino solo en horas de fuerte insolación. Asimismo, recuerdan que este producto no está previsto para proteger los ojos en las cabinas con rayos UVA.

Lo barato sale caro....

Según las estadísticas, de los 27 millones de gafas de sol que se venden anualmente en España, 8 millones no cumplen las normas de seguridad sanitaria. Esto, que en la mayoría de los casos se debe al desconocimiento y a la falta de concienciación del consumidor, puede tener serias consecuencias para la salud ocular. La diferencia fundamental entre unas gafas sin la debida homologación y las que se adquieren en ópticas es que las primeras sólo filtran la luz visible, pero no la radiación ultravioleta, de forma que ?engañan? al ojo, haciendo que la pupila se dilate más al detectar menos cantidad de luz debido a la lente oscura. La consecuencia es que en el ojo entra una mayor cantidad de radiación ultravioleta perjudicial, con lo que se incrementa notablemente el riesgo de lesiones oculares.

Además, tal y como advierte el CNOO, los cristales de las gafas de sol que se venden en puestos ambulantes y establecimientos no cualificados pueden llegar a tener en ocasiones defectos ópticos e irregularidades que perjudican a las estructuras oculares, ya que obligan al ojo a adaptarse a la nueva situación.

Buenos gestos al aire libre

La Academia Americana de Oftalmología recomienda que a partir de los 30 años se limiten los baños de sol y, además del uso de gafas adecuadas, protegerse con gorros y viseras. Según los expertos norteamericanos, con estas medidas se podría reducir la pérdida de visión en un 50 por ciento.

Además de la adecuada fotoprotección mediante el uso de gafas, hay otra serie de precauciones que se deben adoptar en verano para preservar la correcta salud ocular:

-Evita el uso de lentes de contacto en las piscinas y en el mar, ya que el riesgo de contraer infecciones es elevado.

-Utiliza gafas protectoras con lentes de material orgánico durante la práctica de deportes (squash, natación, vela...) y de otras actividades como el bricolaje y la jardinería para evitar así traumatismos oculares o la entrada de cuerpos extraños en el globo ocular.

-No sumerjas la cabeza debajo del agua si se ha sufrido una intervención ocular en las últimas tres semanas.

-Incrementa la ingesta de alimentos ricos en luteína (espinacas, calabazas, pimientos, brécol, tomates, verduras de hojas verdes crudas), una sustancia que protege a los ojos de la radiación solar y previene la aparición de cataratas y degeneración macular.

-Evita la automedicación. En caso de que tras la exposición solar se tenga el ojo rojo, doloroso o con secreciones, hay que consultar con un oftalmólogo a la mayor brevedad posible.

Niños: alerta máxima

Los ojos de los niños, especialmente los de los más pequeños, son mucho más delicados que los de los adultos, ya que hasta aproximadamente los 13 años no se completa la pigmentación ocular, por lo que no disponen de una protección natural contra la acción de los rayos solares. Esta falta de pigmentación hace que el cristalino carezca de un filtro natural amarillo de protección que sí posee el ojo adulto y que permite bloquear las radiaciones ultravioleta, lo que aumenta el riesgo de padecer problemas potenciales de la visión. De hecho, muchos de ellos pueden presentar anomalías en los párpados o en los lagrimales a consecuencia de la exposición solar, sin que la mayoría de las veces los padres sepan a qué son debidos estos síntomas. De ahí la importancia que proteger los ojos de los más pequeños en verano, incluso en la sombra, ya que determinadas superficies como la arena y el agua reflejan también la luz solar. Lo más recomendable es que ya desde pequeños se les acostumbre a llevar gafas de sol.

¡Preparados para el eclipse!

Los profesionales no se cansan de recordar que las gafas de sol que se emplean habitualmente no son efectivas para la contemplación de eclipses solares. Tal y como señalan los expertos de la empresa General Óptica, observar un eclipse de sol, en cualquiera de sus fases, sin la protección adecuada puede causar graves lesiones en la córnea y en la retina, pudiendo provocar incluso la ceguera total, de ahí la necesidad de emplear gafas homologadas (la firma pone a la venta a partir de septiembre un modelo con filtro especial analizado y evaluado por expertos de la NASA) en vez de los filtros caseros tradicionales: radiografías, cristales ahumados, fotos veladas... Todo esto debe tenerse en cuenta de cara al eclipse de sol que tendrá lugar el próximo 3 de octubre y que barrerá la Península Ibérica de noroeste a sudeste, siendo además España en único país en el que se podrá apreciar su zona central (cuando la luna y el sol estén perfectamente alineados). El eclipse será visible entre las 9,38 y las 12,33 horas.

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