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Fracaso escolar. nunca es demasiado tarde.

Publicada en 01/04/2005

En España, uno de cada cuatro jóvenes se enfrenta a situaciones de fracaso escolar. Un problema cuya solución, independientemente de los planes educativos vigentes, empieza en el hogar

El último informe ?Pisa 2003?, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ha sacado los colores al sistema educativo español: de los 28 países que integran este organismo, España ocupa el puesto 24, lo que equivale a un nivel de fracaso escolar de un 26 por ciento, algo superior al 20 por ciento de media de los países que forman la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).

Cuándo hablar de fracaso escolar

Se puede hablar de fracaso escolar cuando el alumno no consigue los objetivos propuestos para su nivel pedagógico y edad, y existe un desaprovechamiento real de sus recursos intelectuales, lo que suele tener como consecuencia una actitud negativa hacia el aprendizaje. Según Carmen Pascual, psicóloga infantil y directora del centro Psicopraxis, de Madrid; ?el perfil de un estudiante que puede padecer fracaso escolar es un niño que, en general, no tiene los conceptos claros, y habitualmente se le nota distraído. Además, presenta muchas dificultades incluso a nivel de la motricidad, y le resulta muy difícil centrar la atención. Se trata de alumnos que carecen de inquietudes y que suelen ser apáticos?.

Se puede hablar de cuatro tipos de fracaso escolar:

  1. El primario suele aparecer en los primeros años de la vida del niño, asociado a dificultades madurativas, y puede solucionarse de forma espontánea o constituir la base de un fracaso académico permanente.
  2. El secundario se produce después de unos años de escolarización sin presentar problemas, coincidiendo con cambios en la vida del niño como la adolescencia o algún hecho puntual.
  3. El llamado fracaso escolar circunstancial es transitorio y aislado.
  4. Por último, el habitual, los suspensos constituyen la tónica normal del niño debido a causas de origen personal, como un retraso en el desarrollo psicomotriz, del lenguaje hablado, en la adquisición de la lectura y escritura, problemas personales...

El niño y sus circunstancias

En el fracaso escolar confluyen diversas causas, que pueden ser tanto ENDÓGENAS (personales o que afectan al niño casi de manera exclusiva) y EXÓGENAS (la familia, la propia escuela o la sociedad en general).

  • Entre las primeras destacan aquellos problemas de tipo orgánico que afectan al niño de manera física o sensorial: alteraciones visuales o auditivas (miopía, hipoacusia), enfermedades crónicas o simplemente una situación de cansancio provocada por la falta de horas de sueño o una nutrición deficiente.
  • Alrededor del 29 por ciento de los casos de fracaso escolar son debidos a problemas de aprendizaje, entre los que destaca la dislexia: a pesar de tener un nivel intelectual normal, los niños que la padecen no son capaces de establecer el mecanismo de lectura

El 10 por ciento de los casos de fracaso escolar está desencadenado por el que es en la actualidad el trastorno más estudiado en psicología infantil: el TDAH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad), que se caracteriza por una capacidad de atención inferior a la que corresponde a la edad del niño, con frecuencia asociada a una hiperactividad inapropiada y a una conducta impulsiva.

  • Asimismo, entre  un 30  y un 50 por ciento de los casos se derivan de factores emocionales de todo tipo, entre los que destacan problemas psicológicos (depresión, baja autoestima), situaciones especiales en el entorno familiar (fallecimiento, separación de los padres, nacimiento de un hermano), desajustes en etapas clave, como la adolescencia...
  • Los factores intelectuales solo son responsables de un 2 por ciento de los casos de fracaso escolar y entre ellos destacan tanto debilidades mentales no siempre fácilmente detectables, como las superdotaciones, es decir, niños con un nivel intelectual muy superior al normal que, paradójicamente, suelen presentar fracaso escolar debido sencillamente a que los contenidos de las asignaturas no les despierta ningún interés.

Respecto a las CAUSAS EXÓGENAS, destacan, en el caso del propio sistema educativo, una programación inadecuada (temarios excesivamente largos, exigencias demasiado elevadas para el nivel de maduración del niño...); la excesiva rigidez (se exigen a todos los niños los mismos objetivos sin tener en cuenta, por ejemplo, el mes de nacimiento); la formación del profesorado (que, además de dominar las materias que imparten, deberían ser capaces de enseñar a sus alumnos a ?aprender a aprender?); el método de enseñanza del centro, la masificación, el exceso de deberes y la actitud del profesor hacia el alumno... Todo ello puede tener una incidencia más o menos determinante en el rendimiento escolar.

Videojuegos y falta de motivación

Las nuevas adicciones como la televisión, los videojuegos y el ordenador también están haciendo mella en el rendimiento académico de los niños. Según la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, el 97 por ciento de los niños españoles pasan casi tres horas y media diarias delante del televisor. En la misma línea, los datos de la Asociación de Fabricantes del Juguetes, la forma de entretenimiento preferida para el 60 por ciento de los niños son los viodeojuegos. Todo ello implica una mala dosificación del tiempo, lo que repercute directamente en el rendimiento escolar.

La falta de motivación es otro factor importante, y en ello inciden tanto factores internos como externos al niño. El reconocimiento de las personas significativas que le rodean, el mayor atractivo de los contenidos, la aceptación social y el logro de metas a corto plazo son estímulos que no siempre están presentes y que, sin embargo, invitan a seguir manteniendo un nivel de esfuerzo e interés.

Fracaso y suspenso no es lo mismo

Independientemente de la causa y el tipo de fracaso de que se trate, es fundamental detectarlo de forma precoz y ponerle remedio a tiempo. ?El fracaso escolar ya se puede apreciar desde la etapa de Educación Infantil, especialmente en el desarrollo del proceso lecto-escritor?, comenta Carmen Pascual. Las detecciones que se realizan a esta edad ya empiezan a ser importantes y hay que intentar atajarlas al principio, porque si se van dejando pasar bajo la idea de que el niño es aún muy pequeño el problema se puede agravar. Ya en segundo o tercero de Primaria hay una definición bastante clara de fracaso escolar, y muchas veces, si el niño no ha sido atendido adecuadamente en la etapa anterior, este fracaso sale a la luz al pasar a la ESO. Por tanto, es muy importante detectarlo y poner los medios para solucionarlo ya desde la etapa de Infantil?, explica Carmen Pascual.

A menudo se identifica el fracaso escolar con los suspensos en las calificaciones, algo totalmente erróneo, ya que si existe una consonancia entre las capacidades intelectuales y el rendimiento personal no se puede hablar de fracaso escolar, aunque las notas sean bajas. Asimismo, el mayor o menor coeficiente intelectual de un niño tampoco justifica el fracaso escolar. ?Es más importante la forma en la que el niño asimila los conceptos. Hay alumnos que pese a tener mucha capacidad intelectual presentan fracaso escolar, mientras que otros con un CI bajo, pero con la voluntad y la organización general adecuada, pueden obtener unos resultados altamente satisfactorios?, comenta la experta.

El papel de los padres

Hay una cosa clara: la educación empieza en la familia, y es en el ámbito familiar donde se aprenden conductas, roles y las formas de reaccionar ante los conflictos. Según las conclusiones del I Congreso Nacional de Educación en Valores, celebrado recientemente en Valencia, un estilo educativo familiar basado en el amor (evaluación positiva del hijo, interés y apoyo emocional) junto a la coherencia en la aplicación de normas, es fundamental para desarrollar una personalidad segura, equilibrada y consciente tanto de sus derechos como de los deberes que se deben asumir.

En este sentido, uno de los mayores errores en el que están incurriendo los padres es en el llamado ?deleguismo educativo?, que consiste en descargar en otras personas e instituciones la formación y la educación de los hijos. Una consecuencia directa de esta actitud es el poco tiempo real que se pasa con el niño, lo que hace a su vez que éste no reciba toda la atención necesaria para su desarrollo normal, lo que supone un importante caldo de cultivo del fracaso escolar.

10 actitudes ?más que positivas?

Aunque muchas veces los resultados sean a largo plazo, los padres deben adoptar una serie de actitudes ante el menor síntoma de problemas a nivel escolar, las cuales deber estar encaminadas sobre todo a reforzar los aspectos afectivos y emocionales de los niños:

  1. Trata de darles responsabilidades en casa: está comprobado que los alumnos que colaboran en determinadas tareas suelen tener más éxito en los estudios.
  2. Enséñale a organizar su tiempo de forma razonable y establece un horario y un lugar idóneos
  3. Escúchale y trata de leer entre líneas las razones por las que no estudia o por las que no le gusta determinada asignatura.
  4. Mantén un estrecho contacto con el profesorado, intentando buscar soluciones en la misma dirección.
  5. Evita las amenazas y los castigos: si son reiterados, pierden todo su valor y no aportan nada constructivo a la actitud del niño frente a los estudios.
  6. No incurras en comparaciones con hermanos u otros niños: la humillación es otra actitud contraproducente, ya que con ella solo se consigue incrementar las inseguridades infantiles.
  7. Facilítale las técnicas básicas de estudio: elaboración de esquemas, subrayado, lectura eficaz, retención y memorización de la información.
  8. Fomenta estos hábitos mediante mensajes positivos: es muy importante que el niño perciba que sus padres están realmente interesados por los temas que está estudiando y no sólo por sus notas.
  9. Fomenta el hábito de la lectura: el niño que no lee correctamente será incapaz de comprender y memorizar contenidos en el futuro. Cuánto antes se le inicie en este hábito, mejor que mejor.

Repetir curso: ¿sí o no?

En la actualidad, los países nórdicos, Irlanda, Gran Bretaña y Grecia han abolido completamente la repetición de curso, mientras que otros como España, Francia y Portugal lo han limitado a tres años. Según el informe de la OCDE, ambas experiencias han resultado altamente positivas.

?Para decidir si un niño ha de repetir curso o no, primero hay que hacer un estudio de su personalidad, ya que a veces, el hecho de ser repetidor puede facilitar que haya más fracaso escolar en el futuro, ya que el niño se puede sentir completamente desprotegido. En este sentido, en caso de que el niño esté desubicado, es preferible que repita curso en las primeras etapas de Primaria, ya que aún no ha generado esa asociación de ridículo que arrastran los repetidores y le es más fácil superar la sensación de dejar a los amigos y de sentirse diferente. De todas formas, es una decisión que debe asumirse siempre con un cuidado y una precaución importantes?, comenta la psicóloga infantil Carmen Pascual.

El ejemplo finlandés

¿Son los niños de Finlandia más listos que los españoles? No van por ahí los tiros, sino que, tal y como se desprende del estudio de la OCDE, en el país que lidera el ranking en lo que a eficacia del sistema educativo se refiere, el profesor es la piedra angular de la enseñanza. Para ello, además de estar muy bien remunerados y considerados socialmente, los profesores finlandeses tienen una excelente formación no sólo en sus materias sino también en la forma de impartir estos conocimientos a sus alumnos. Otro aspecto diferencial es la total ausencia de competitividad que existe entre los alumnos, debido a que la enseñanza tanto en casa como en la escuela no está orientada a obtener resultados espectaculares o a sobresalir individualmente, sino que el objetivo es conseguir la solidaridad hacia los compañeros y el éxito colectivo. Más datos: los niños finlandeses asisten a 1.605 horas lectivas menos que los españoles y, pese a ello, muchos de ellos llegan a estudiar hasta cuatro lenguas, sólo dedican media hora diaria a hacer deberes en casa y tres de cada cuatro menores de 15 años afirman leer todos los días no por obligación, sino por el mero placer de hacerlo. Está claro que aún nos queda mucho camino por recorrer.

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