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Diabetes de tipo 2. ¿qué régimen seguir?.

Publicada en 01/04/2004

Para controlar la diabetes son fundamentales dos cosas: el seguimiento de un régimen bajo en azúcares y el abandono del sedentarismo

Del aumento de la diabetes de tipo 2 dan fe la cantidad de obesos que circulan por nuestras calles. Un problema que de ?menor? ha pasado a preocupar en demasía a los endocrinos, quienes llegan a hablar incluso de epidemia en los años venideros. Esta patología, cifrada por la Federación Internacional de Diabetes (FID) en 151 millones de personas afectadas en todo el mundo. Las poblaciones de los países en desarrollo, los grupos minoritarios y las comunidades más desfavorecidas en los países industrializados son los grupos con mayor riesgo de padecer la enfermedad

Diabetes de tipo 2:

Su nexo con la obesidad

Diez veces más frecuente que la diabetes de tipo 1, la diabetes de tipo 2 se desarrolla generalmente después de los 45 años y está estrechamente ligada a la obesidad (un 80 % de la población obesa es diabética). Variables como el envejecimiento de la población, la falta de ejercicio físico y los hábitos alimentarios poco saludables influyen sobremanera en el crecimiento espectacular que esta patología ha adquirido en los últimos años en los países industrializados. Una glucemia superior a 1,26 g/l, obtenida a partir de dos muestras de sangre efectuadas en ayunas y seguidas la una de la otra, es indicadora de diabetes. Al principio y en la mayoría de los casos, la diabetes se manifiesta por índices de glucemia muy elevados, acompañados por un exceso en la eliminación de azúcar en la orina. Todo ello se traduce por unas ganas frecuentes de orinar, sed anormal, e incluso infecciones urinarias frecuentes, (no hay que olvidar que las bacterias adoran el azúcar).

Un juego de contrapesos

En los inicios de la diabetes de tipo 2, la producción de insulina es normal, pero poco a poco las células se vuelven cada vez menos sensibles a su acción. Para compensar esta insulino-resistencia y bajar la glucemia, el páncreas genera más insulina, hasta que poco a poco y vencido por esta resistencia, termina por disminuir su producción. Cuando este juego de contrapesos desaparece, aumenta la tasa de glucosa en la sangre, instalándose una hiperglucemia crónica que a la larga termina por ?atascar? todos los vasos sanguíneos, desde las arterias hasta los capilares. Si la diabetes no se diagnostica ni se trata a tiempo, los órganos, menos irrigados, terminan por deteriorarse, pudiéndose producir complicaciones, siendo entre ellas las más comunes la retinopatía (principal causa de ceguera en la población adulta de los países industrializados) y la nefropatía diabética.

IG: la clave para clasificar los alimentos

Una patología en la que cobran especial importancia el tipo de alimentación y el abandono de las prácticas sedentarias, tenía lógicamente que ahondar en el mundo de los alimentos y en la manera en que éstos hacen subir o bajar los niveles de glucosa sanguíneos. La aparición del llamado índice glucémico (IG) hace ahora unos veinte años, ha revolucionado las recomendaciones alimentarias respecto de la diabetes. Esta herramienta permite medir el incremento de la glucosa en sangre luego de ingerir un alimento ó comida, ayudando a identificar los alimentos más o menos adecuados para los pacientes diabéticos. Si antes estaban terminantemente prohibidos el pan, las féculas y todo tipo de azúcares, ahora el IG ha abierto mucho más las posibilidades gastronómicas de los afectados por diabetes.

Los alimentos que contienen hidratos de carbono tienen una cualidad que les es propia: la de hacer subir los niveles de glucosa después de ser consumidos, cualidad que les hace ser más o menos hiperglicemiantes. Esto es precisamente lo que mide el IG: el alimento en cuestión es ingerido y a continuación se mide la respuesta glicémica o índice glicémico (IG). De entre los alimentos, la glucosa es el más hiperglicemiante que existe, con un índice glucémico o respuesta glicémica de 100, lo que hace que se tome como referencia a la hora de medir el IG de otros alimentos ricos en glúcidos.

?Ni blanco ni negro?:

Las reglas del juego

v      Mientras más hiperglicemiante sea un alimento, más elevado será su IG. Los índices glucémicos (IG) más elevados, situados entre 70 y 100, corresponden al pan blanco, al azúcar, a los dulces, a los caramelos, a las galletas, a las mermeladas y confituras, a la mayor parte de los cereales de desayuno, a la miel, a los zumos de fruta, a la leche y a los refrescos azucarados. Todos estos alimentos se consideran azúcares ?rápidos?, ya que  permiten que la glucosa llegue a la sangre en menor tiempo. Ahora bien, un alimento con un IG elevado puede ralentizar la respuesta glucémica si añadimos materia grasa: de todos es sabido que una comida grasa se digiere más lentamente, de manera que la glucosa tiene menos tiempo para llegar a la sangre. Así, paradójicamente, algunas galletas azucaradas pueden tener un IG bajo precisamente porque tienen grasa: es el caso del chocolate. Ahora, bien, un diabético siempre debe elegir alimentos con un IG bajo por su alto contenido en fibra o en almidón, y no porque sean ricos en grasas.

v      Se dice que un alimento es moderadamente hiperglicemiante cuando tras su ingestión se obtiene un IG comprendido entre 50 y 70: ejemplo de alimentos moderadamente hiperglicemiantes son las pastas, el pan integral con cereales y los fritos.

v      Se dice que un alimento es poco hiperglicemiante cuando el IG es inferior a 50. Estos alimentos contienen ?azúcares lentos?, y dentro de este grupo se engloban las patatas, los vegetales y el arroz. Son mucho más seguros para el diabético porque llegan a la sangre más lentamente y permiten que el organismo los absorba antes de que se "acumulen" (concentren) en la sangre. Además, por regla general, los alimentos con un índice glucémico bajo son muy ricos en fibra: las legumbres secas, el arroz completo, y el pan que contenga granos de cereales. Las fibras de los alimentos también atrasan la absorción de los azúcares. La fibra ralentiza el paso de la glucosa desde el tubo digestivo a la sangre, de ahí que estos alimentos sean poco hiperglicemiantes. Sin embargo, si puntualizamos, hay alimentos ricos en almidón que actúan más rápidamente que otros, como el pan blanco o los purés de patatas, al estar su almidón sometido a procesos de cocción y modificación tecnológica.

Un estudio realizado en el Instituto de Salud Pública de Finlandia ha relacionado el consumo de café con un menor riesgo de padecer diabetes de tipo 2, sobre todo en mujeres

De la teoría a la práctica

Qué hacer?

  1. ? Si eres diabético de tipo 2 y tu peso es normal no es necesario que sigas un régimen hipocalórico (bajo en calorías). En cambio, sí se impone una alimentación sana y equilibrada, que sea poco hiperglicemiante y pobre en grasas saturadas. Las tres comidas del día deberán ser ricas en fibra y no deberás incluir dulces ni refrescos azucarados en ayunas. Procura también sustituir el pan blanco por un pan de cereales o de avena, con un índice glucémico menor.
  2. ? Si eres diabético y tienes sobrepeso es imprescindible que sigas un régimen hipocalórico. Algunas veces, la pérdida de peso basta para restablecer el equilibrio glucémico, salvo si los índices de glucemia son muy elevados y la obesidad es suficientemente antigua y severa como para haber entrañado lesiones pancreáticas irreversibles.

Debes excluir todo tipo de charcutería y salsas y economizar en mantequillas y aceites a la hora de cocinar. Asimismo, trata de excluir el azúcar (elige edulcorantes), las bebidas azucaradas, y en general, los productos dulces. Evita comer en ayunas o fuera de hora alimentos que sean hiperglicemiantes: azúcar, frutos secos, una cucharada de mermelada, un refresco azucarado, etc.

Un nuevo análisis sanguíneo a los dos meses de comenzar este régimen debe mostrar una reducción significativa de tu glucemia, sobre todo si practicas habitualmente ejercicio. los músculos son grandes consumidores de glucosa, lo que hace que la glicemia disminuya si la actividad física es regular. La diabetes de tipo 2 es, por suerte, una enfermedad que puede corregirse con una alimentación adaptada y una actividad física regular.

8 imperativos

*Por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)

  1. Hacer 4-6 comidas frugales al día en lugar de 3.
  2. Mantener esquemas de comida fijos, sin saltarse ninguna comida.
  3. No comer demasiado y seguir las cantidades recomendadas por el médico.
  4. Comer pan integral o de fibras y eliminar el pan blanco (de textura fina). Elegir preferiblemente pan de avena o de cereales.
  5. Comer vegetales diariamente. La alcachofa y la cebolla han demostrado tener la capacidad de reducir el aumento de azúcar en sangre.
  6. Consumir alimentos ricos en vitamina B6, necesaria para controlar el azúcar en sangre: el germen de trigo, el plátano verde, el pavo, el pescado, los frutos secos (sobre todo las nueces), y verduras crucíferas.
  7. Eliminar las grasas, el azúcar y alcohol.  
  8. Hacer ejercicio físico habitualmente. El ejercicio aumenta la sensibilidad del organismo a la insulina, por lo que tiende a disminuir el nivel de azúcar en la sangre.

El IG de los alimentos

Glucosa

100 %

Granos:

Ø       Pasta integral/refinada

Ø       Arroz integral/blanco

Ø       Muesli de avena (paquete)

Ø       Gachas de avena

Ø       Pan integral/blanco

Ø       Pan de cereales/avena

Ø       Copos de maíz

42-50

47-55

60

49

70-78

45

78

Azúcares:

Ø       Fructosa

Ø       Sacarosa

20

65

Legumbres:

Ø       Habas de soja, lentejas, garbanzos, judías

20-40

Fruta:

Ø       Cerezas, pomelo, albaricoques secos

Ø       Naranja, manzana, pera

Ø       Plátano, según lo maduro que esté

32 ó inferior

36-43

30-70

Hortalizas:

Ø       Todas muy bajas, excepto los guisantes, el boniato, el maíz tierno

Ø       Patata, zanahoria

48-55

56-85

Dos tipos de diabetes

  1. La diabetes de tipo 1, llamada también insulino-dependiente, suele aparecer antes de los 20 años y de manera repentina. Este tipo de diabetes está ligada a la carencia total o parcial de insulina, hormona que regula la glucosa necesaria para las células, y que se debe a la destrucción de las células del páncreas que la segregan. En este tipo de diabetes el aporte de insulina mediante inyecciones se vuelve imprescindible. El 10 % de los diabéticos se engloban dentro de este tipo de diabetes.
  2. La diabetes de tipo 2, también conocida como insulino-resistente, suele sobrevenir a partir de los 45 años y pasa largo tiempo desapercibida. Este tipo de diabetes se produce por la incapacidad de las células para la captación de insulina, lo que puede deberse a un mal funcionamiento de los receptores celulares a esta hormona (de origen genético), o a cambios metabólicos de la insulina. Es mucho más frecuente y su instalación es progresiva, sobre todo en aquellas personas con sobrepeso (el 80 % de los obesos son diabéticos). Si el régimen alimenticio y la práctica de ejercicio físico no bastan para mantener la glucemia en sus límites, se impone la administración de medicamentos que actúan sobre las células para facilitar la penetración de la insulina. Una diabetes de tipo 2 puede derivar hacia una diabetes de tipo 1.

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